¿Qué es la vida sino el cúmulo de experiencias que giran en torno a las relaciones sentimentales de mujeres y hombres? El tarot te alerta de que la fijeza en formar una familia, educar a un hijo, y por último, recordar esos buenos momentos ante el acogedor fulgor de una chimenea, son los ideales que toda mujer desea hondamente: permanecer por siempre al brazo de su amante hasta que el reloj se pare. Mientras el eco de los sarmientos crepita de vez en cuando en el fuego y hace saltar varias chispas fugaces, como tratando de desafiar su prefijado destino como cenizas, un fuerte viento golpea las ventanas, seguido del silbido fantasmagórico que parece clamar su presencia en la oscuridad de aquella montaña. Después de mucho esfuerzo, ahora disfrutáis más que nunca de un hogar tranquilo construido a base de sacrificio y amor, el escenario mudo que ha visto crecer vuestros hijos e ilusiones. El fiel testigo de vuestros aciertos y errores.Tras una apetitosa cena y los sorbos de un palaciego vino tinto, brindáis vuestras copas de cristal con un elegante ademán, haciendo gala de la complicidad que aun perdura en vuestras versadas miradas. Se puede decir que ya lo habéis conseguido todo, aunque el mayor motivo de vuestra alegría, es el triunfo de permanecer juntos ante las adversidades. Mientras repasáis un viejo álbum con antiguos versos y anotaciones que hacía años que no rescatabais del fondo de un armario, cae al suelo una fotografía en blanco y negro tomada cuando apenas superabas la veintena de edad. En ese instante, la coges y le miras. Como si de un sueño se tratase, comienzas a ver en aquellos ojos marrones el brillo de la juventud de la instantánea de aquel hombre. Sus arrugas parecen ahora desvanecerse en una especie de espiral del tiempo, y ensimismada, caes en el pozo del recuerdo. Sin haberlo deseado, esa imagen está haciendo que emprendas un viaje, y como si un proyector de cine en desuso se pusiese en marcha, comienzas a trasladarte en un viejo tren con destino a la ciudad tu memoria:
Casco Viejo de Barcelona, año 1948.
“Perdone señorita, mi nombre es Javier. He oído que es la mejor tarotista de la ciudad. Tengo que viajar a Munich la próxima semana para un importante viaje de negocios ¿Le importa si contrato sus servicios?” Éstas fueron sus primeras palabras. El escaso ajetreo de aquella noche de jueves en un pequeño local llamado “Los Billetes”, y el humo negro de los cigarrillos de liar, se mezclaban en tu camisa con la fuerte colonia que desprendía aquel hombre: una nube grisácea, en la que apenas se distinguían vuestras siluetas medio desfiguradas por los vapores del whisky. A pesar de ser un burgués adinerado de la ciudad condal, su encantadora sonrisa y su forma de expresarse, sólo podían esconder a un renegado. Un idealista en contra de su época que ahora se dedicaba al juego de las apariencias, en el detestado país que le había tocado vivir.
Aún recuerdas cómo discretamente fuisteis a la recámara del aquel bar que regentaba tu madre, algo que significaba para ti un simple dinero extra, pues bien conocidas eran tus dotes adivinatorias de las que tu familia no dudaba en sacar provecho. Pero en éste momento, y sin ser consciente, estabas creando una huida dejando atrás esa vida miserable en que te aguardaba de aquel viejo antro. Mientras barajabas, él te miraba fijamente y tú lo esquivabas con un tímido y coqueto reojo. Aunque te creías muy segura de ti misma, éste te intimidaba, pues sabías que: “¡un hombre tan guapo no se ve todos los días!”. Le dejaste las cartas para que siguiese mezclándolas, y se las pediste para realizar un corte. Esta fueron sus preguntas en vuestro primer encuentro, y que han quedado grabadas para siempre, en la caja de vuestros recuerdos:
“¿Debo volar a Alemania la próxima semana o debería posponer el viaje?”
“¿Debería hacer un nuevo acuerdo con mis antiguos socios en esta ciudad?”
“¿Voy a triunfar si decido comprar nuevas acciones en la bolsa?”
“¿Seguirán siendo fructíferas mis relaciones con los clientes en España?”
“¿Mi negocio irá adelante o iré a la bancarrota?”
Tras estos interrogantes que fuiste desvelando un por uno, Javier no daba crédito a la exactitud con la que las cartas estaban relacionadas con sus inquietudes. Desde ese momento quedó prendado y decidió a acudir a tu modesta consulta semanalmente, lugar donde fue floreciendo vuestra amistad. Con la ayuda del tarot, te convertiste en su mejor confidente, y no en mucho tiempo estalló la pasión en un gozoso y enardecido noviazgo.
En la actualidad, aun disfrutáis de lo cosechado. Él, gracias a tus consejos, llevó adelante su empresa posicionándola como una de las más importantes en su sector, y tú, te dedicaste a cuidar del hogar como buena esposa de familia. Ahora seguís contemplando la hoguera rememorando aquel pedazo de vuestra historia más personal, mientras las llamas de la chimenea van menguando su intensidad. Todavía creéis que calor de vuestros corazones está presente, y sin embargo, un lento latir al unísono de la última brasa del fuego, os despedirá de aquella noche mientras vuestro párpados decaen. El sueño eterno llega para siempre. Adiós....